Miedo a traspasar la frontera. Miedo a elegir cambiar la dirección en la que sopla tu propio viento. Miedo a elegir cambiar, y miedo a morir en el intento. A morir en vida, que es mucho peor que dejar de respirar. Uno, dos. No latir. Miedo a perder, e incluso miedo a ganar. Miedo a moverse un sólo milímetro, que no es tal, sino una medida que encierra un cambio cósmico terrible. Decide. ¿Te mueves? ¿Eliges? Tres, cuatro. ¿Respiras? Y sabes que tu decisión será incorrecta, porque no existe la decisión correcta. Te vendes a ti mismo o vendes al de al lado. Aunque por él fluya tu misma sangre. Y en ambos casos, pierdes. Cinco, seis. Respiras y te equivocas. Y lloras, te lamentas, te autocompadeces, y te enmierdas. Porque ya no queda nada, aunque lo tengas todo. Sólo queda igualarse a la mierda, mirarse en el espejo y sentir repulsión. Siete, ocho. Intentar no respirar, por dios. Tirar dados de nuevo a partir del rumbo anterior. ¿Mover ficha? ¿Volver a elegir? ¿Temer el paso en falso? Nueve, diez. ¿Tener que volver a inhalar sufrimiento? Y volver a sentir que no vales nada, que no puedes frenar la hemorragia, que no puedes ser feliz. Once, doce. Repito, negarte a ser feliz aunque no tengas motivo para ello. Comprobar en cada movimiento, siempre incorrecto y lleno de consecuencias nefastas, que no eres nada, que nada vales, y que nada importas. Que sólo tú miras a tu ombligo, ese agujero lleno de mugre podrida que no limpias por miedo a volver a equivocarte. ¿Qué más da? Volverás a hacerlo. Trece, catorce. Y aunque sonrías, todo será mentira. Y aunque tararees melodías en LA Mayor, tan optimista, no conseguirás engañar a tu alma. El alma de alguien que no se contenta con nada. Ni con todo. El alma con más imperfecciones del mundo. Quince, dieciseis.
Ahora, ese alma que alguna vez fue algo colorista e impresionista se dirige a vosotros. Diecisiete, dieciocho. Intentando respirar, se dirige a ti:
"Dejé de ser un alma hecha de pinceladas sueltas y vivas. Me convertí en algo oscuro, porque así pensé que podría evitar cualquier meteorito. Elegí, como se hace con todo en esta vida, y me equivoqué. No tuve la suerte de contar con opción correcta. Y perdí toda humanidad para dar paso a una sucia coraza que intenta no sentir, pero que está llena de golpes de bala.Eso sí, no puedes tener queja de mi. Nadie puede. Hubo un tiempo en el que amé todo, incluso me amé a mi misma. Y te amé a ti. Y no lo quisiste. No quisiste mi amor. Me volví a equivocar. De alma y de dirección. La pregunta que ronda ahora entre mis cráteres es ¿había opción correcta?"
Diecinueve, veinte. Respira, y recupérate. Que el alma hable exige un gran esfuerzo.
Nadie lo entenderá. O no lo querrás entender. Porque nadie quiere escuchar a la habitante de un cuerpo insignificante y lleno de odio, de rencor y de muerte. Mejor no acercarse a la portadora de un cáncer aún no desarrollado.
Nadie. Veintiuno... ¿es necesario que siga contando?
No, no sigas, ya ha quedado claro que no te sabes mas del 21.
ResponderEliminarAh, y no vuelvas a decir que no paso de comentartelo cuando te he estado escribiendo un comentario tras otro en la primera entrada sin obtener respuesta alguna acerca de lo que ponía, aun asi te lo recordaré en el tuenti para que te de mas cargo de conciencia.
ResponderEliminarpero qué quieres que te conteste, esto no es como un messenger, no se establece una conversación, pero bueno :(
ResponderEliminarEstas preciosa con el revuelo de tu pelo ;)
ResponderEliminar